Si alguien lo puede sacar es Pascual Calabuig. Eso pensaron en la Autoridad Portuaria cuando se percataron este domingo de que un gran cetáceo había varado sin vida en la costa de La Isleta, más allá de los muelles de La Esfinge y Nelson Mandela.
Calabuig, responsable del centro de recuperación de fauna silvestre del Cabildo de Gran Canaria, sabía que la operación era complicada, en medio de los cortados volcánicos de la costa isletera. Y no dudó en llamar al gerente de Reprosub, José Luis Samper, con quien ha compartido esfuerzos en hazañas parecidas.
«Fue una maniobra de un par de horas porque estaba la marea vacía», explica Samper. Dos buceadores llegaron hasta donde estaba el animal en una maniobra no exenta de riesgos ante la posibilidad de que el animal se vire y atrape con sus más de dos toneladas de peso a un buceador.
Sin embargo, estos experimentados especialistas decidieron amarrarla por la cola y esperar a la pleamar. «A medida que iba subiendo la marea la íbamos acercando más» a la orilla, detalla Samper, «o lo hacíamos así o la llevábamos mar adentro con una embarcación y la subíamos al muelle, aunque esto hubiera sido algo más laborioso». El gerente de Reprosub explicó que fue «una maniobra tranquilita, muy lenta, pero salió todo perfecto».
Varios momentos del izado y traslado de la ballena bajo la dirección de Pascual Calabuig y José Luis Samper.
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Pascual Calabuig detalló que el animal era un rorcual común (‘Balaenoptera physalus’) hembra que medía 7,2 metros y pesaba 2.300 kilos.
El animal fue trasladado al vertedero de Juan Grande donde fue sometido a una necropsia por parte del grupo de especialistas del Instituto Universitario de Sanidad Animal y Seguridad Alimentaria (IUSA) de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).
Necropsia del animal por parte del IUSA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
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