El interinato trabaja en función de una eventual derrota republicana en el Congreso de EEUU, como oxígeno político para seguir mandando en Venezuela. Delcy y Jorge tocan las puertas del Partido Demócrata. Apuestan a la división del poder en Washington para escapar del control de Trump y prolongar su permanencia en el poder.
Noel Gómez Herrera
Estados Unidos celebrará el próximo martes 3 de noviembre una elección clave para ese país y con previsibles impactos para la geopolítica mundial, incluyendo lo que ocurre actualmente en Venezuela con un proceso de transición en puertas, en el que los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, interinamente en el poder, buscan alargar su permanencia en la dirección del país, incluyendo una eventual alianza con el Partido Demócrata, posibles ganadores de la importante contienda, según diversos estudios de opinión, lo cual podría darle un giro de ciento ochenta grados al control del Congreso de Estados Unidos, actualmente en manos de los partidarios Presidente Donald Trump, quien el pasado 3 de enero ordenó la captura y extracción del dictador Nicolás Maduro, dejando en el poder a la vicepresidenta Delcy Rodríguez y a su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, oficialista.
Como se sabe, el Congreso de los Estados Unidos está compuesto por dos cámaras, el Senado (cámara alta) compuesta por 100 senadores, 2 por Estado, y la Cámara de Representantes (cámara baja) integrada por 435 representantes. Cada dos años, un tercio de los puestos del Senado debe someterse a elección, así como la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes.
Según diversas fuentes el “lobby” de Miraflores con el Partido Demócrata fue contratado con Juan Sebastián González, el ex asesor de la Casa Blanca, con quien Jorge Rodríguez logró en el año 2023 la liberación del “diplomático” Álex Saab a cambio de diez ciudadanos estadounidenses presos en Venezuela. Paradójicamente, Saab se encuentra nuevamente preso en EEUU a solicitud de la Administración Trump y con la cooperación de los hermanos Rodríguez.
De acuerdo a la estrategia diseñada por los hermanos Rodríguez, al pasar el Congreso de Estados Unidos al control del Partido Demócrata bajará la “alta presión” ejercida por la Administración Trump sobre el interinato para la realización de elecciones presidenciales y de la Asamblea Nacional a la mayor brevedad posible. Confían entonces los Rodríguez que podrían contar con amplio apoyo del nuevo Congreso de EEUU para estirar su mandato hasta el año 2031, completando el período del depuesto Maduro y con ofrecimiento de elecciones para el mes de diciembre del año 2030.
LOBBY DEMÓCRATA
Expertos en el tema han asegurado que hasta la fecha no hay pruebas públicas sobre la operación de lobby clandestina de los hermanos Rodríguez, aunque sí es obvio que existe un interés político evidente del dúo familiar en mantener abiertos todos los canales ante cualquier cambio en Washington. Las mismas fuentes consultadas han señalado que hasta ahora no hay contratos, registros, documentos, reuniones verificables o testimonios comprobables de reuniones, pero si existen evidencias comprobables de recientes reuniones con el exalto funcionario de la Administración Biden, Juan Sebastián González, con quien los Rodríguez mantienen excelente relaciones.
POLÍTICA SIN LEALTAD
Al buscan alianzas con los demócratas, adversarios declarados de Trump, los hermanos Rodríguez han dejado de ser leales con el actual Presidente de Estados Unidos y con el Secretario de Estado, Marco Rubio, una actitud parecida a la del pasado 3 de enero de 2026, cuando el dúo familiar traicionó a su jefe Nicolás Maduro para quedarse con el poder, bajo la tutela de la Administración Trump.
El “rodrigato” ha puesto el foco en elecciones de “medio término” de Estados Unidos para estirar su supervivencia. El “Plan B” de Delcy y Jorge Rodríguez es esperar los resultados electorales de noviembre para negociar la supervivencia, ya que el interinato apuesta a que una derrota de Trump en las elecciones de medio término previstas para el 3 de noviembre, abra una nueva correlación de fuerzas en el Congreso.
Diversos analistas aseguran que para Jorge y Delcy Rodríguez, el reloj electoral norteamericano podría convertirse en una herramienta política: más presión sobre la Casa Blanca, más interlocutores, más negociación y, sobre todo, más tiempo para permanecer en Miraflores.
Diversos analistas advierten que para Delcy y Jorge Rodríguez, el premio no sería necesariamente derrotar a Trump. Sería algo mucho más útil: debilitar su margen político, multiplicar los interlocutores en Washington y convertir la transición venezolana en materia de una nueva disputa entre republicanos y demócratas en el Congreso, con comisiones, investigaciones, cartas, audiencias y dilaciones.
DIVIDE Y VENCERÁS
Los Rodríguez estarían a favor de estimular las pugnas partidistas en el Congreso de Estados Unidos (demócratas versus republicanos), a partir de noviembre de 2026, para seguir ganando tiempo: “Quien ocupa el poder sin una legitimidad electoral renovada, es quien más necesita tiempo”, advierten en Washington.
Actualmente la administración Trump conserva la iniciativa ejecutiva sobre la relación con Venezuela y el Secretario de Estado ha anunciado que el proceso venezolano debe desembocar en una transición y en elecciones libres y justas, pero si los demócratas recuperan el control de una o ambas cámaras, el debate estaría centrado en investigar toda la intervención de EEUU en Venezuela, tanto en lo político como en lo económico.
No haría falta que los demócratas “apoyaran” a Jorge o Delcy Rodríguez. Eso ni siquiera sería necesario. Bastaría con que una parte importante del liderazgo demócrata exigiera control del uso de recursos petroleros venezolanos o una investigación sobre la propia política de Trump en Venezuela, solicitando supervisión, transparencia y revisión de las medidas estadounidenses. Cada diferencia entre el Congreso y la Casa Blanca, en una oportunidad para Caracas.
Durante la Administración Biden existieron canales de negociación entre Washington y el poder venezolano, en un proceso en el que funcionarios estadounidenses como Juan González desempeñaron un papel visible en los contactos con Venezuela. La lección para el entonces negociador Jorge Rodríguez es elemental: en Washington no existe una sola política venezolana, existen burocracias con agendas diferentes.

Juan González, director para el Hemisferio Occidental durante el gobierno de Biden, es el enlace oficial de los hermanos Rodríguez con el Partido Demócrata.