Lo primero que se exclama en los pasillos de CASMU es que al presidente hay que darle una mano. Y, como suele pasar en estas historias, solo unos pocos entienden el mensaje. Pero para ellos va dirigido, con dedicatoria y todo.
Dicen que varias manos ayudan más que una y media, como repetía mi padre con esa sabiduría de sobremesa: si lo vas a hacer, vamos a hacerlo bien. Aunque, claro, en la versión CASMU DISNEY siempre aparece el detalle incómodo de que al carecer del Pato Donald, hay que arreglarse con lo que hay valor, diría el relator.
Porque cuando faltan los personajes principales, sobran los extras. Y así, entre manos prestadas, entusiasmo de utilería y una puesta en escena digna de parque temático, la función continúa.
Sin un plan de negocios aprobado y con una intervención financiera del Ministerio de Salud Pública que continúa monitoreando sus cuentas, la nueva conducción de CASMU impulsa la instalación de un policlínico en el futuro Shopping Aventura ,un proyecto que implicaría nuevo endeudamiento y el cierre de dos policlínicas barriales. La decisión reabre el debate sobre las prioridades de una institución que todavía intenta salir de su peor crisis.
La historia reciente de CASMU ha estado marcada por una palabra: supervivencia.
La mutualista de las más grandes del país atravesó y atraviesa una crisis financiera, institucional y de gobernanza que obligó al Ministerio de Salud Pública a intervenir sus finanzas para garantizar la continuidad asistencial y proteger la atención de cientos de miles de usuarios.
Sin embargo, lejos de concentrar todos sus esfuerzos en estabilizar la institución, reducir el déficit, recuperar la confianza de proveedores y fortalecer la asistencia médica, la nueva conducción parece haber elegido otro camino.
El proyecto que hoy genera preocupación dentro y fuera de la institución consiste en la instalación de un nuevo policlínico dentro del futuro Shopping Aventura, una inversión que, según diversas fuentes vinculadas al sector salud, requeriría asumir nuevos compromisos económicos con los desarrolladores del emprendimiento comercial.
La pregunta es inevitable.
¿Puede una institución intervenida financieramente embarcarse en nuevos proyectos de inversión cuando todavía no ha demostrado un modelo económico sostenible?
Una mutualista intervenida que sigue sin un rumbo claro
La intervención del MSP nunca fue una formalidad.
Fue la consecuencia de una situación financiera extremadamente delicada, caracterizada por problemas de liquidez, atrasos con proveedores, dificultades para cumplir obligaciones y una estructura de costos que durante años superó ampliamente la capacidad de generación de ingresos.
A ello se sumaron episodios que expusieron serias debilidades de gestión, como el colapso del servicio de emergencia central por falta de personal días pasados, denuncias sobre utilización de insumos vencidos y reiteradas observaciones sobre problemas de gobernanza.
Todo ello ocurrió bajo la vigilancia permanente del Estado,que parece que no vigila.
En cualquier empresa privada, una institución sometida a semejante nivel de control financiero tendría como prioridad reducir costos y gastos, optimizar recursos y consolidar un plan estratégico antes de iniciar nuevas inversiones.
En CASMU parece suceder exactamente lo contrario.
Shopping antes que saneamiento
La instalación de un policlínico en un centro comercial puede responder, en determinadas circunstancias, a una estrategia válida de expansión.
Pero esa lógica pierde fuerza cuando quien impulsa el proyecto es una institución que continúa dependiendo de una vigilancia extraordinaria del Estado para sostener su funcionamiento.Más aún cuando, de acuerdo con la información conocida, la apertura del nuevo centro implicaría cerrar dos policlínicas barriales.
La decisión no solo modifica la red asistencial.También altera el acceso de miles de usuarios que hoy reciben atención cerca de sus hogares y que podrían verse obligados a trasladarse hacia un complejo comercial.
La pregunta vuelve a aparecer.
¿Se trata de una decisión sanitaria o de una decisión inmobiliaria?
¿Dónde está el plan de negocios?
Toda inversión responsable comienza con un estudio técnico.
¿Cuánto costará?
¿Cuál será el retorno esperado?
¿En qué plazo se amortizará?
¿Cómo impactará sobre el flujo de caja?
¿Qué riesgos existen?
Hasta el momento no se conoce públicamente un plan de negocios integral que justifique la inversión, explique su financiamiento y demuestre que el proyecto contribuirá efectivamente al saneamiento económico de CASMU.
La ausencia de esa información alimenta la incertidumbre entre trabajadores, usuarios y proveedores.Una mutualista no administra capital de riesgo.Administra recursos destinados a la salud de cientos de miles de personas.
Gobernanza en crisis
El problema excede el Shopping Aventura.
Lo verdaderamente preocupante es la ausencia de una estrategia institucional consistente.
Durante años distintos especialistas advirtieron sobre los problemas de gobernanza que afectan a varias instituciones mutuales uruguayas, donde las decisiones de inversión muchas veces responden más a impulsos políticos o corporativos que a criterios estrictamente empresariales.
CASMU no parece haber escapado a esa lógica.
La intervención estatal fue precisamente la consecuencia de una cadena de malas decisiones de gestión.Por eso sorprende que, antes de consolidar su recuperación financiera, vuelva a analizar proyectos que incrementan el riesgo económico.
Una señal equivocada
En momentos donde el sistema mutual enfrenta crecientes presiones por costos laborales, incorporación de tecnología, envejecimiento poblacional y mayores exigencias asistenciales, la prudencia debería convertirse en el principal activo de cualquier administración.
El mensaje que transmite esta iniciativa resulta exactamente el contrario.
Mientras miles de usuarios esperan mejoras en tiempos de atención, fortalecimiento de los servicios médicos y estabilidad institucional, la prioridad parece concentrarse en un nuevo emprendimiento inmobiliario-comercial.No se cuestiona la innovación.Se cuestiona el momento elegido.
La salud no admite improvisaciones
La nueva conducción de CASMU tiene la oportunidad de demostrar que puede conducir una institución compleja.Pero esa legitimidad no se construye inaugurando nuevos locales.
Se construye presentando cuentas claras, un plan estratégico transparente y decisiones respaldadas por estudios técnicos independientes.
La experiencia reciente debería haber dejado una enseñanza ineludible: las instituciones de salud no pueden administrarse con la lógica del marketing ni con apuestas financieras de alto riesgo al menos en estas etapas de crisis. Antes de pensar en expandirse, CASMU debe demostrar que puede sostener con solvencia y calidad la atención que hoy brinda. Cualquier proyecto de crecimiento que implique más deuda, cierre de servicios de cercanía o compromisos económicos sin una justificación pública convincente corre el riesgo de convertirse en otro capítulo de una crisis que aún está lejos de considerarse superada.
