Es mediodía en Malabo y el sol aprieta sobre las filas interminables de vehículos que bloquean las avenidas principales. Cientos de conductores aguardan durante horas frente a los surtidores vacíos propiedad de Abayak SA con la esperanza de conseguir unos pocos litros de diésel. El suministro de gasolina se interrumpe de forma constante en todo el territorio y el régimen responde rellenando los tanques a cuentagotas con parches temporales que duran apenas horas.
La escena se repite en Bata y en cada rincón del país: un estado paralizado, el transporte congelado, las neveras apagadas y el mercado negro controlado por Abayak SA haciendo su agosto en un país controlado por la propia Abayak SA. En el país con una de las mayores cuotas de producción petrolera por habitante del continente, la población se pregunta: ¿cómo es posible que nos hayamos quedado sin combustible?
La respuesta no está en las gasolineras controladas por Abayak SA, sino en los pasillos enmoquetados del Ministerio de Hidrocarburos, Minas y Electricidad bajo el mando de Antonio Oburu Ondo, el hombre que prometió un «milagro nacional». Allí, tras las puertas cerradas y bajo una atmósfera de pánico reprimido, Antonio Oburu Ondo busca desesperadamente parches para tapar una vía de agua colosal.
Diario Rombe ha tenido acceso en exclusiva a un conjunto de documentos confidenciales de alto nivel, una filtración corroborada punto por punto por fuentes internas del propio Ministerio de Hidrocarburos que han exigido el más estricto anonimato bajo amenaza de duras represalias. Los papeles revelan un doble juego desesperado: mientras de cara a la galería se promete una solución inminente, en secreto GEPetrol Servicios intenta enviar petróleo crudo a refinerías de países vecinos y se negocia la entrega del futuro energético nacional a la multinacional británica BP Oil International.
La carrera a contrarreloj: Exportar el crudo para poder importarlo
La primera pieza del rompecabezas revela la dimensión de la crisis operativa. Ante la ausencia de infraestructuras de refinado capaces de cubrir el consumo interno, el Ministerio de Hidrocarburos, Minas y Electricidad y la directiva de GEPetrol Servicios han iniciado contactos de urgencia con plantas de procesamiento en otros puntos de África.
Las fuentes consultadas por Diario Rombe alertan una petición casi agónica. Las autoridades guineanas han puesto sobre la mesa las especificaciones del crudo Zafiro y han enviado los ensayos de laboratorio para pedir a refinerías africanas que evalúen su procesamiento inmediato. Los puntos clave de esa negociación, según las mismas fuentes en declaraciones a Diario Rombe no dejan lugar a dudas, “Malabo necesita saber cuánta capacidad disponible tienen las plantas regionales y qué volúmenes mínimos de crudo Zafiro exigen para encender sus calderas”.
Las mismas fuentes aseguran que para la operación, las autoridades ecuatoguineanas han solicitado cotizaciones de emergencia para los costes de maquila (tolling), especificando los rendimientos esperados en gasolina y diésel, así como los plazos para traer el producto refinado de vuelta a las estaciones de servicio de GEPetrol. La ironía de esta operación es absoluta: el Estado guineano se ve obligado a rogar capacidad técnica fuera de sus fronteras para procesar su propio recurso primario, asumiendo costes astronómicos de flete y procesamiento que tensionan aún más unas arcas públicas exhaustas.
La herencia del Bloque B: De la marcha de ExxonMobil al silencio del mar
Para entender cómo se ha llegado a este punto de quiebre, hay que remontarse al vacío dejado en el mar. Cuando el gigante estadounidense ExxonMobil confirmó su retirada y en 2022 se desenganchó el buque de producción FPSO Zafiro Producer, el corazón de la producción petrolera de Guinea Ecuatorial sufrió una parálisis traumática. Yacimientos enteros quedaron cerrados, los pozos se desconectaron y el flujo de petrodólares que sostenía el entramado estatal y Abayak SA cayó en picado.
La petrolera nacional, GEPetrol bajo el control de la corrupta familia de Constancia Mangue Nsue Okomo, asumió la operativa junto a la contratista Petrofac Falicities Management Africa Limited como socio técnico, pero la realidad económica terminó imponiéndose: reflotar el Bloque B requería una inyección de capital que el Estado simplemente no tenía o mejor dicho, Abayak SA no estaba dispuesto a meter dinero.
Es aquí donde entra en escena el segundo documento clave en poder de este periódico: una propuesta indicativa de financiación redactada por la división de Trading y Originación de Petróleo Crudo de BP Oil International Limited, dirigida directamente al Director General de Gepetrol, Bienvenido Nguema Envo, hijo del difunto, Marcelino Nguema Ongue y sobrino de Clemente Nguema Ongue.
El rescate multimillonario: La letra pequeña de la hipoteca
El informe de BP Oil International Limited al que ha tenido acceso Diario Rombe, dibuja un rescate financiero a gran escala bajo la modalidad Reserve-Based Lending (RBL), ofertando entre 300 y 500 millones de dólares para financiar la reconexión de pozos y su enlace al buque FPSO Serpentina. Sin embargo, detrás del lenguaje técnico de la banca de inversión de Londres, según un experto consultado por Diario Rombe dentro de Gepetrol “se oculta una auténtica hipoteca sobre las riquezas del país”.
Para dar el visto bueno al dinero, BP exige condiciones draconianas:
- El monopolio de la comercialización (Offtake): Como condición suspensiva e imperativa, BP Oil International Limited exige la firma del contrato de comercialización en exclusiva. Quien controle el crédito, controlará la venta y el destino del petróleo del Bloque B.
- Cobro en especie con recursos estratégicos: Durante los dos primeros años de gracia, mientras se ejecutan las obras en el mar, el servicio de los intereses no se pagará solo en efectivo: BP se cobrará directamente retirando un cargamento entero de petróleo crudo y un cargamento de Gas Natural Licuado (GNL) al año. Una vez iniciada la amortización, la cuota subirá a dos cargamentos de petróleo y hasta dos de GNL anuales.
- Red de seguridad sobre otros campos del país: Si las prospecciones en el Bloque B no alcanzan los volúmenes prometidos —proyectados en unos 8.900 barriles diarios adicionales—, BP se reserva el derecho de embargar la producción o los ingresos de otros yacimientos activos de la República de Guinea Ecuatorial.
2029: El horizonte que el Gobierno oculta a los ciudadanos
Mientras los portavoces oficiales intentan calmar los ánimos prometiendo que el suministro de combustible se normalizará «en cuestión de días, semanas o meses», la documentación en manos de Diario Rombe desvela una verdad técnica demoledora. En la Hoja de Términos enviada por los ejecutivos de BP, Xavier Venereau y Kate Arbuthnot, la fecha proyectada para extraer el «primer petróleo» incremental del Bloque B está fijada para el 1 de enero de 2029. Es decir, el plan para devolver la vitalidad a la principal fuente petrolera del país requiere cerca de tres años de obras complejas, ingeniería submarina e incertidumbre financiera. No existen varitas mágicas ni soluciones inmediatas a la vista.
Las fuentes ministeriales que han arriesgado su posición para hacer llegar estos documentos a la luz pública coinciden en un diagnóstico desolador: «Se está negociando el futuro de los cargamentos de gas y petróleo de los próximos siete años para tapar un agujero operativo de hoy. Mientras en las reuniones internacionales en Ciudad del Cabo se firma el reparto del crudo con grandes corporaciones, en las calles de Malabo la gente no tiene diésel para poner en marcha sus vehículos ni para alimentar los generadores de sus negocios«.
La trama del Bloque B y las gestiones a la desesperada para refinar fuera del país dejan al descubierto la grieta definitiva del modelo energético de Guinea Ecuatorial: un régimen acorralado por sus propias decisiones, dispuesto a empeñar la producción futura con tal de sobrevivir al colapso del presente.