En Akoga, un consejo de poblado perteneciente al municipio de Cogo, en la provincia del Litoral, la promesa de un nuevo pueblo permanece todavía sobre el papel. En 2013, el proyecto cementero del Grupo Abayak llegó hasta este territorio en busca de las materias primas necesarias para fabricar cemento. Las fuentes abiertas confirma que Grupo Abayak AKOGA Cemento S.A. encargó ese año a la multinacional danesa FLSmidth la construcción de una planta integral de cemento de 3.000 toneladas diarias, por aproximadamente 68 millones de euros, para ser construida en Akoga.
Las familias que llevaban décadas viviendo en la zona comenzaron a verse desplazadas a medida que avanzaban los trabajos y la maquinaria ocupaba el terreno destinado a la explotación. A los habitantes se les prometió una reubicación. A unos 18 kilómetros de la fábrica, las autoridades ecuatoguineanas bajo las órdenes de Abayak SA, se seleccionaron y desbrozaron unos terrenos para construir un nuevo Akoga, con viviendas y servicios públicos para las familias afectadas.
En 2024 comenzaron las indemnizaciones por el desalojo. Sin embargo, las diferencias entre las cantidades entregadas provocaron malestar entre los habitantes y llevaron a las autoridades a modificar el procedimiento. Según los testimonios recogidos por Diario Rombe, se comunicó entonces a los lugareños que la solución no sería simplemente económica: el jefe de Estado había dispuesto que se construyeran viviendas dignas para las familias desplazadas. En 2025 aparecieron los carteles oficiales. Sobre ellos se anunciaba el «Proyecto de construcción del pueblo modelo de Papá Obiang y Mamá Constancia Mangue de Akoga». Los planos mostraban viviendas, una escuela, un centro de salud, una Casa Consistorial y dos templos religiosos.
Pero cuando Diario Rombe acudió al lugar para comprobar el estado del proyecto, encontró otra realidad: tierra roja desbrozada, vegetación alrededor y los carteles con los diseños del futuro poblado. No se constató el inicio de la construcción de las viviendas ni de las infraestructuras anunciadas. El pueblo estaba diseñado. La promesa estaba hecha. Los terrenos estaban preparados. Las viviendas, sin embargo, no estaban allí.
Esta investigación reconstruye cómo se llegó hasta ese punto: desde el antiguo negocio de importación de cemento del Grupo Abayak hasta la construcción de su planta industrial, la explotación de las materias primas de Akoga, el desplazamiento de sus habitantes y la promesa de un nuevo poblado que, hasta el momento de la visita de Diario Rombe, seguía sin materializarse.
El negocio del cemento: de las importaciones a Akoga
La historia del cemento de Abayak comenzó mucho antes de la construcción de la fábrica de Akoga. Al menos desde una fecha indeterminada del 2000, el Grupo Abayak —holding empresarial propiedad de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, su esposa Constancia Mangue Nsue Okomo y el hijo de ambos, Teodoro Nguema Obiang Mangue— articuló una red de importación de cemento hacia Guinea Ecuatorial. Los documentos exclusivos a los que ha tenido acceso Diario Rombe permiten reconstruir cómo el conglomerado familiar convirtió el cemento en uno de sus negocios estratégicos. 
Los documentos comerciales de la época a los que ha tenido acceso Diario Rombe revelan que Abayak S.A actuaba como el único intermediario y distribuidor de cemento para el sector de la construcción en Guinea Ecuatorial. Registros fechados el 4 de agosto de 2004 y el 2 de mayo de 2005 documentan transacciones internacionales por cientos de miles de euros con la empresa belga International Trades and Services S.A. (I.T.S.), canalizadas mediante órdenes de transferencia desde el CCEI Bank de Malabo hacia Fortis Banque, en Bélgica.
A través de fletes marítimos contratados en el puerto de Setúbal, Portugal, el buque MV MIKUE transportó un cargamento de 7.500 toneladas de cemento comercial convencional, tipo CEM II B-L 32,5 N. La operación quedó recogida en una proforma fechada el 4 de agosto de 2004, por un valor total de 360.250 euros, incluidos 34.000 euros en gastos portuarios, a un precio de 43,50 euros por tonelada.
Nueve meses después, una factura fechada el 2 de mayo de 2005 documenta una nueva operación de importación, esta vez a bordo del buque ELWOOD: 2.328 toneladas de cemento de alta resistencia, tipo CEM I 42,5 R, por un importe de 295.656 euros, a razón de 127 euros por tonelada. El producto, suministrado en big bags impermeables, estaba destinado específicamente a obras de infraestructura pesada ejecutadas por constructoras como Bouygues y Sogeco.
El modelo de negocio permitía al Grupo Abayak participar en distintos eslabones de la cadena de construcción: desde la importación y distribución del cemento hasta su utilización en grandes obras de infraestructura financiadas por el Estado. Según la documentación analizada por Diario Rombe, el conglomerado también mantenía intereses en empresas vinculadas a la ejecución de contratos públicos de construcción.
Pero el negocio no terminó en la importación. El siguiente paso fue controlar también la producción de cemento dentro de Guinea Ecuatorial. Para ello, el Grupo Abayak fijó su atención en Akoga, donde se encontraba la materia prima necesaria para desarrollar el proyecto industrial. La propia BDEAC señala que la ubicación del complejo respondió, entre otros factores, a la disponibilidad de materias primas para la fabricación del clínker, entre ellas caliza, arcilla y laterita. El banco sitúa el proyecto a unos 18 kilómetros al norte de Cogo y 125 kilómetros de Bata.
El proyecto industrial adquirió una nueva dimensión en mayo de 2013, cuando Grupo Abayak-AKOGA Cemento S.A. encargó a FLSmidth el suministro de una planta integral de producción. La adjudicación, valorada en aproximadamente 68 millones de euros, contemplaba una instalación con capacidad para producir 3.000 toneladas diarias de cemento. La documentación de la BDEAC confirma posteriormente la financiación del proyecto. En 2016, el banco registró una financiación de 65.000 millones de FCFA para el proyecto de construcción de la fábrica de cemento de Akoga por Abayak S.A.
La propia BDEAC describía el complejo como un proyecto integrado que incluía una planta de producción de clínker y otra de cemento, con una capacidad total prevista de 1.060.000 toneladas anuales, y señalaba entre sus objetivos aumentar la disponibilidad de cemento y reducir sus costes en Guinea Ecuatorial. En este contexto, el 7 de enero de 2015, el Grupo Abayak S.A. registró su filial Abayak Cemento S.A., identificada fiscalmente con el número 0011 A-15, destinada a desarrollar el negocio cementero del grupo en Guinea Ecuatorial y la región de África.
Pero la construcción de la fábrica tuvo otra consecuencia directa: para desarrollar la explotación de las materias primas era necesario ocupar el territorio donde durante décadas habían vivido familias de Akoga. El proyecto industrial entró así en conflicto con una población que debía abandonar sus tierras para dejar paso a la actividad extractiva.
A partir de ese momento, la historia del cemento de Abayak dejó de ser únicamente una historia empresarial. Se convirtió también en la historia del desplazamiento de los habitantes de Akoga y de una promesa de reubicación que, más de una década después, sigue sin cumplirse.
Akoga, un poblado cercado por la maquinaria
Para conocer de primera mano qué estaba ocurriendo en Akoga, Diario Rombe se desplazó hasta la zona y recogió los testimonios de varios habitantes. Por razones de seguridad, este periódico mantendrá sus identidades en el anonimato.
Los testimonios recogidos sitúan el inicio del conflicto en 2013, coincidiendo con el comienzo de los trabajos vinculados al proyecto cementero. Según los habitantes consultados, la zona fue ocupada progresivamente por las actividades relacionadas con la explotación de la materia prima, mientras las familias que llevaban décadas asentadas en el lugar comenzaron a verse obligadas a abandonar sus viviendas.
La presión no se produjo de un día para otro. A medida que avanzaban los trabajos y la maquinaria se aproximaba a las viviendas, las condiciones para continuar viviendo en Akoga se deterioraban. Algunas familias terminaron abandonando el poblado.
El problema tampoco se limitó a las viviendas. Los habitantes aseguran que la transformación del entorno afectó a las fuentes de agua de las que dependían para las necesidades básicas de sus hogares y para el consumo.
A los residentes se les comunicó que serían reubicados en otro emplazamiento. A unos 12 kilómetros de la fábrica de cemento, el Ministerio de Obras Públicas seleccionó unos terrenos que fueron desbrozados con el propósito de construir allí el nuevo poblado de Akoga.
La promesa era concreta: las familias abandonarían progresivamente la zona ocupada por la explotación y serían trasladadas a un nuevo asentamiento con viviendas adecuadas.
Sin embargo, la nueva población no llegó a construirse en los términos prometidos. Mientras las actividades relacionadas con el cemento avanzaban, las familias continuaron esperando las viviendas que debían recibir a cambio de abandonar sus tierras.
El contraste comenzó a hacerse cada vez más evidente: la maquinaria avanzaba sobre el territorio mientras el nuevo poblado permanecía pendiente.
Durante este proceso, quienes intentaron reclamar o cuestionar la situación se encontraron, según los testimonios recogidos por Diario Rombe, con otro obstáculo: cualquier vecino que alzara la voz podía ser señalado como miembro o simpatizante de la oposición política.
Así, la población de Akoga quedó sometida a una doble presión: por un lado, la transformación de su entorno y la pérdida progresiva de las condiciones que permitían continuar viviendo en sus tierras; por otro, el temor a las consecuencias de reclamar ante las autoridades.



Indemnizaciones desiguales y una nueva promesa
En 2024, el proceso de desalojo entró en una nueva fase. Las autoridades comenzaron a indemnizar a los habitantes de Akoga afectados por el desplazamiento.
Según los testimonios recogidos por Diario Rombe, los pagos no siguieron un criterio uniforme. Algunas personas recibieron alrededor de 150.000 FCFA; otras, 500.000 FCFA, y algunas llegaron a recibir un millón de FCFA por abandonar sus tierras y viviendas.
Las diferencias entre unas indemnizaciones y otras provocaron malestar entre los lugareños, que cuestionaron los criterios utilizados para determinar las cantidades asignadas a cada familia.
La situación terminó llegando a las autoridades de la provincia del Litoral. Una comisión desplazada desde Bata y encabezada por el gobernador del Litoral, Bartolomé Owono Nzé, junto con representantes del Ministerio de Obras Públicas, comunicó a los habitantes que el procedimiento debía cambiar.
Según los testimonios recogidos por este periódico, la comisión trasladó a los lugareños que el jefe de Estado había dispuesto que la solución no consistiera simplemente en entregar dinero, sino en construir viviendas dignas para las familias afectadas por el desalojo.
La nueva decisión dejó en una situación incierta a quienes ya habían recibido dinero. Algunos devolvieron las cantidades percibidas. Otros ya habían comenzado a gastarlas y no pudieron devolverlas. El proceso de indemnización quedó así desplazado por una nueva promesa: construir un nuevo poblado y entregar viviendas dignas a las familias afectadas.
La solución anunciada ya no consistía, por tanto, en compensar económicamente a los habitantes para que abandonaran sus tierras. La promesa oficial era mucho más concreta: construir un nuevo Akoga y entregar viviendas dignas a las familias desplazadas.
Los terrenos fueron seleccionados, limpiados y, en 2025, aparecieron los carteles oficiales con los diseños del futuro poblado. Faltaba, sin embargo, lo esencial: construirlo.
El pueblo prometido
A comienzos o mediados de 2025 apareció en los terrenos seleccionados para la reubicación un cartel anunciando el proyecto y el diseño del nuevo poblado de Akoga. Para comprobar sobre el terreno hasta qué punto se había cumplido la promesa de las autoridades, un equipo de Diario Rombe se desplazó hasta el lugar destinado a acoger el nuevo asentamiento.
Lo que encontraron los reporteros a pie de carretera fue un amplio terreno de tierra roja, previamente desbrozado y rodeado por la masa forestal. La principal presencia visible del proyecto se reducía a las estructuras publicitarias instaladas en el emplazamiento.
A los márgenes de la carretera se levanta el panel del Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, que presenta la iniciativa bajo una marcada retórica personalista: «Proyecto de construcción del pueblo modelo de Papá Obiang y Mamá Constancia Mangue de Akoga».
La valla está acompañada por los retratos oficiales del presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo y de la primera dama, Constancia Mangue Nsue Okomo, vinculando directamente el proyecto a la imagen de ambos.
Los carteles informativos y las infografías instaladas en el lugar, fechados y firmados en Bata en julio de 2025, permiten conocer la magnitud de lo que las autoridades anunciaron.
Sobre el papel, el nuevo Akoga debía convertirse en un asentamiento dotado de servicios básicos y edificios públicos: una Casa Consistorial, un centro de salud, una escuela y dos templos religiosos, uno de la Iglesia Católica y otro de la Iglesia Nueva Apostólica.
El proyecto también contempla la construcción de viviendas para las familias desplazadas, con diferentes tipologías clasificadas como viviendas de «material permanente» —Tipos 1 y 3— y de «material mixto» —Tipos 1 y 2—. Los planos expuestos detallan incluso la distribución interior: salón-comedor, dormitorios y cuarto de baño. Sin embargo, entre el proyecto presentado en los carteles y la realidad encontrada sobre el terreno existe una diferencia evidente.



Durante la visita realizada por Diario Rombe, el terreno mostraba las huellas del desbroce inicial y las estructuras publicitarias donde se exhiben los diseños arquitectónicos del futuro poblado. Más allá de estos trabajos preliminares, no se constató el inicio de las obras de edificación de las viviendas ni de las infraestructuras públicas anunciadas.
La imagen resume por sí sola la situación: en los carteles aparece un pueblo completo, con viviendas, escuela, centro de salud, Casa Consistorial e iglesias. Sobre el terreno, en cambio, permanece un espacio despejado de tierra roja rodeado de vegetación.
Para los habitantes de Akoga, esta diferencia no es una cuestión meramente urbanística. Es el resultado de una promesa formulada cuando se les pidió abandonar el lugar donde habían vivido durante décadas. Mientras la explotación de las materias primas continúa en el antiguo asentamiento, el nuevo pueblo destinado a recibir a las familias desplazadas sigue sin materializarse.
Más de una década después de que el proyecto cementero comenzara a transformar Akoga, el contraste resulta difícil de ignorar: la fábrica fue proyectada, la financiación fue articulada, la explotación avanzó y las familias fueron desplazadas. El nuevo pueblo, en cambio, continúa esperando.
En los carteles oficiales aparece un «pueblo modelo». Sobre el terreno, Diario Rombe encontró tierra roja, vegetación y las estructuras que sostienen esos carteles. Para quienes tuvieron que abandonar sus hogares, la promesa no era un diseño arquitectónico. Era una vivienda. Era un pueblo. Era la condición bajo la que debían dejar atrás las tierras donde habían vivido durante décadas. El cemento ya tiene su materia prima. El proyecto ya tiene sus planos. El cartel ya está colocado. Akoga, en cambio, todavía espera el pueblo que le prometieron.