Los edulcorantes artificiales se han convertido en un recurso cotidiano para quienes buscan reducir el consumo de azúcar sin renunciar al sabor dulce. Son sustancias químicas sintetizadas que se utilizan en lugar de la sacarosa -el azúcar común- para endulzar alimentos y bebidas. Su principal atractivo es que, al ser mucho más dulces que el azúcar, se necesitan cantidades mucho menores para alcanzar el mismo nivel de dulzura. Esto hace que su contenido calórico sea insignificante, por lo que a menudo se les describe como edulcorantes no nutritivos.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha aprobado seis edulcorantes artificiales como aditivos alimentarios: sacarina, aspartamo, acesulfamo de potasio (Ace-K), sucralosa, neotamo y advantamo. Antes de aprobarlos, la FDA revisó numerosos estudios de seguridad para identificar posibles daños para la salud.
En esos estudios no se comprobó que estos edulcorantes causaran cáncer ni otros daños a las personas. Las preocupaciones iniciales surgieron cuando algunos estudios vincularon la combinación de ciclamato con sacarina con cáncer de vejiga en animales de laboratorio. Pero en la mayoría de los estudios de otros edulcorantes aprobados no hubo pruebas de efectos adversos.
Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto en duda la utilidad de estos productos para el control del peso. En mayo de 2023, la OMS publicó una directriz en la que desaconseja el uso de edulcorantes no azucarados para controlar el peso corporal o reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles. La recomendación se basa en los resultados de una revisión sistemática de la evidencia disponible, que sugiere que el uso de estos edulcorantes no confiere ningún beneficio a largo plazo en la reducción de la grasa corporal en adultos o niños.

Además, los resultados de la revisión también sugieren que puede haber posibles efectos indeseables de su uso a largo plazo, como un mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y mortalidad en adultos. Especialistas recuerdan que la sustitución de azúcares libres por edulcorantes no ayuda a controlar el peso a largo plazo.
Del mismo modo recomiendan que las personas consideren otras formas de reducir la ingesta de azúcares libres, como consumir alimentos con azúcares naturales, como la fruta, o alimentos y bebidas no azucarados. También destacan que los edulcorantes sin azúcar «no son factores dietéticos esenciales y carecen de valor nutricional», y que las personas deberían reducir totalmente el dulzor de la dieta desde una edad temprana para mejorar su salud.
La recomendación de la OMS se aplica a todas las personas, excepto a aquellas que padecen diabetes preexistente. También incluye todos los edulcorantes no nutritivos sintéticos y naturales o modificados que no están clasificados como azúcares. Y se encuentran en alimentos y bebidas manufacturados, o que se venden solos para que los consumidores los añadan a sus alimentos y bebidas. Entre los edulcorantes no nutritivos más comunes se encuentran el acesulfamo-K, el aspartamo, el advantamo. Los ciclamatos, el neotamo, la sacarina, la sucralosa, la estevia y los derivados de la estevia.
La directriz de la OMS no se aplica a los productos de higiene y cuidado personal que contienen edulcorantes no azúcar, como dentífricos, cremas para la piel y medicamentos. Como tampoco a los azúcares y alcoholes de azúcar (polioles) bajos en calorías, que son azúcares o derivados del azúcar que contienen calorías. Por tanto, no se consideran edulcorantes no azúcar.
A pesar de la postura de la FDA, diversos estudios han comenzado a explorar los posibles efectos de los edulcorantes artificiales en la microbiota intestinal. Algunas investigaciones sugieren que ciertos edulcorantes, como la sacarina y la sucralosa, podrían tener un impacto negativo en la tolerancia a la glucosa. El cual es un indicador clave de la salud metabólica.