“Su cara era de español, con una expresión muy agradable, ojos negros, vivos y ardientes, facciones regulares, mediana estatura, gran facilidad de locución, brillante imaginación”
Rafael Marrón González
¿CÓMO ERA BOLÍVAR? IV
El Correo del Orinoco publicó, en su edición del Sábado 11 de Septiembre de 1819, esta descripción del Bolívar de 1804, que dice fue tomada del Times de Londres sin mencionar fecha: “Entonces tenía veinte y dos o veinte y tres años de edad. Su cara era de español, con una expresión muy agradable, ojos negros, vivos y ardientes, facciones regulares, mediana estatura, gran facilidad de locución, brillante imaginación, carácter atrevido que no ha sido jamás afectado por el modo con que fue educado. Habla francés tan bien como cualquier inglés o español lo puede hablar. Es activo, ansioso de instrucción y lleno de los conocimientos de su siglo, habiendo seguido todos los cursos de lectura e iniciándose en todos los descubrimientos modernos”.
Bolívar según José de San Martín
Héroe nacional de Argentina y de la Independencia suramericana cuya acción libertadora condujo a la emancipación de Chile y Perú. Conoció, en julio de 1822, al Libertador en Guayaquil, ciudad a la que éste había llegado, después de su entrada triunfante en Quito, luego de su victoria en Bomboná y la de Sucre en Pichincha: «El General Bolívar demostraba tener mucho orgullo, lo que me parecía en contradicción de no mirar nunca de frente a la persona que lo hablaba, a menos que fuese muy inferior a él. Pude convencerme de su falta de franqueza en las conferencias que tuve con él en Guayaquil, porque no respondió de modo positivo a mis proposiciones sino siempre en términos evasivos. (…) En cuanto a los hechos militares de ese General, puede decirse que le han granjeado con razón la fama de ser considerado como el hombre más asombroso que ha conocido la América del Sud. Lo que le caracteriza por sobre todo, formando en cierto sentido su rasgo especial, es su constancia a prueba, que se fortalecía en las dificultades, sin dejarse abatir por ellas, por más grandes que fueran los peligros a los cuales se hubiera arrojado su alma ardiente. (…) Es el carácter más extraordinario que ha producido la América del Sur”.
Tras abandonar Guayaquil en total secreto, San Martín le escribió a Bolívar una célebre carta de despedida fechada el 29 de agosto de 1822. En ella, le comunica su decisión irrevocable de renunciar al Protectorado del Perú y retirarse de la vida pública para dejarle el camino libre. Las palabras textuales de San Martín en esa misiva son el testimonio más claro de su admiración:«Para mí hubiese sido el colmo de la felicidad terminar la guerra de la independencia bajo las órdenes de un general a quien América debe su libertad». (…) «Admita usted, general, esta memoria del primero de sus admiradores».
Años más tarde, ya en su exilio en Europa, San Martín mantuvo una postura de absoluto respeto hacia la figura de Bolívar. En una carta detallada, describió al Libertador con una lucidez asombrosa, desnudando tanto sus virtudes como sus defectos: Le reconocía una constancia a toda prueba, una firmeza que no se doblegaba ante las dificultades y una audacia que suplía cualquier falta de conocimiento técnico militar. Lo describió como un hombre de una ambición de gloria desmedida, con una gran agilidad mental, pero también muy sensible a la opinión pública y propenso a la vanidad.
Bolívar según Guillermo Miller
Militar británico, obtuvo el grado de mariscal en Perú bajo las órdenes del general Andrés Santa Cruz, intimó con El Libertador en la Campaña del Sur, escribió en sus Memorias los hechos de la Revolución Hispanoamericana: “…Sus piernas son flacas, el pecho angosto, las mejillas sumidas, la cejas hirsutas, el pelo ondeado, rebelde; las patillas castañas claras, el bigote castaño oscuro casi negro; la frente ocupa mucha parte del rostro. La distancia entre la nariz y la boca es grande. La nariz recta y larga y la barbilla aguda le asemejan al tipo vasco de sus antepasados… Cuando se enferma se resiste a tomar medicinas: “Mi médico –dice- es para mí tan inútil como mi Capellán”. El olor a tabaco ofende su olfato…”. …Descollaba con especialidad en improvisaciones elegantes y apropiadas. Un día contestó sucesivamente 17 arengas… Bolívar no puede, quizá, ser excedido…”. Cuando Bolívar entra a Quito el 16 de Junio de 1822, Miller lo describe: “Bolívar con 39 años de edad, tenía el rostro pálido, pelo negro con canas, y ojos negros penetrantes… Su nariz bien formada, frente alta y ancha. Barbilla afilada; la expresión de su semblante era cautelosa, triste y algunas veces de fiereza”.
Bolívar según el general de división Francisco Burdett O´Connor
El general de división Burdett O´Connor, natural de Irlanda, participó en la Batalla de Junín bajo el mando de Bolívar. Así lo describe: “Personalmente Bolívar es pequeño, pero musculoso, bien formado y capaz de soportar grandes fatigas. Sus ojos son muy negros, grandes, llenos de fuego y penetración y de entendimiento y grandeza de alma. La nariz aguileña y bien formada. La cara más bien larga y surcada prematuramente por las inquietudes y la ansiedad. En sociedad Bolívar es vivo de maneras y abundante en su conversación salpicada de anécdotas. El baile es una de sus favoritas diversiones y baila con gracia, y en ocasiones, según me cuentan, el héroe recoge un rica cosecha de sonrisas de las bellezas americanas. El libertador, como lo llaman, es un hombre galante y tiene la fama de ser muy afortunado”.
Bolívar según Manuela Sáenz
Manuela Sáenz formó parte de la comisión que preparó los festejos para recibir a Bolívar en Quito y lo conoció personalmente la noche del 16 de Junio de 1822: «Me di perfecta cuenta que en este señor hay una gran necesidad de cariño; es fuerte, pero débil en su interior de él, de su alma, donde anida un deseo incontenible de amor. S. E. trata de demostrar su ánimo siempre vivo, pero en su mirada y su rostro se adivina una tragedia. Me comentó que se sentía en el cenit de su gloria de él, pero que, en verdad (y esto lo dijo muy en serio), necesitaba alguien confidente y que le diera seguridad. (…) Me di cuenta de que este señor sentía mucha seguridad ante su propia efigie; tal como ocurre con todos los grandes hombres, que su ánimo se ve respaldado en su ego, hasta que encuentran el apoyo que les proporciona el valor para emprender nuevas y más audaces empresas. (…) He comprobado que S. E. es un bailarín consumado e incansable, pues ciertamente baila con verdadera destreza».
Bolívar según Joaquín Mosquera
En Enero de 1824, Joaquín Mosquera visitó a Bolívar en Pativilca y nos narra: «Encontré al Libertador ya sin riesgo de muerte del tabardillo que había hecho crisis; pero tan flaco y extenuado que me causó su aspecto una muy acerba pena. Estaba sentado en una silla de vaqueta recostada contra la pared de un pequeño huerto, atada la cabeza con un pañuelo blanco. Sus pantalones de jin me dejaban ver sus dos rodillas puntiagudas, sus piernas descarnadas. Era su voz hueca y débil y su semblante cadavérico. Tuve que hacer un esfuerzo para no largar mis lágrimas y no dejarle conocer mi pena y mi cuidado por su vida. (…) Con el corazón oprimido, temiendo la ruina de nuestro ejército, le pregunté: -¿Y qué piensa Ud. hacer ahora? Entonces avivando sus ojos huecos, y con tono decidido, me contestó: -¡Triunfar!». Continuará.