La economía costarricense encararía 2026 con un escenario de estabilidad generalizada, sin choques relevantes en los principales indicadores macroeconómicos, pese a que el país atravesará un año electoral.
Así lo anticipan analistas y otros actores del sector financiero, quienes prevén un comportamiento ordenado del tipo de cambio, una política monetaria prudente, inflación contenida y un crecimiento económico moderado.
Las proyecciones apuntan a que el Producto Interno Bruto (PIB) avanzaría entre 3,5% y 4%, una cifra consistente con el desempeño reciente del país y con un entorno internacional que, aunque retador, no luce adverso para Costa Rica.
Dólar con variaciones leves
Por otra parte, uno de los focos de atención para empresas y consumidores será el mercado cambiario.
De acuerdo con los especialistas consultados, el dólar se mantendría dentro de un rango estrecho durante todo el próximo año, sin episodios de alta volatilidad.
El analista económico Daniel Suchar sostiene que las condiciones actuales respaldan esa expectativa. Entre ellas, destaca el nivel de las reservas internacionales, que superan los $16.000 millones, así como unas tasas de interés que todavía se ubican en niveles relativamente altos.
Bajo ese contexto, Suchar estima que la moneda estadounidense oscilaría entre ¢500 y ¢525 a lo largo de 2026, sin presiones que apunten a movimientos abruptos en el corto o mediano plazo.
Política monetaria seguirá siendo cautelosa
En materia de tasas de interés, la Tasa de Política Monetaria (TPM) —definida por el Banco Central de Costa Rica (BCCR) y referencia clave para el sistema financiero— continuaría ajustándose de forma gradual.
Los expertos coinciden en que cualquier reducción se dará con cautela, en buena medida condicionada por las decisiones que adopte la Reserva Federal de Estados Unidos (FED). Un entorno internacional aún incierto llevaría al BCCR a privilegiar la prudencia antes que recortes acelerados.
Para Elizabeth Morales, subgerente de Coopecaja, el Banco Central mantendrá el enfoque conservador que ha caracterizado su actuar reciente.
“Las decisiones internas estarán muy alineadas con lo que ocurra en Estados Unidos y con la necesidad de preservar la estabilidad macroeconómica”, señala.
Aunque el panorama base es positivo, el desempeño final de la economía en 2026 estará sujeto a varios factores. Morales apunta a la evolución de los principales socios comerciales, el ritmo de ejecución de la obra pública y la capacidad del país para sostener un entorno macroeconómico estable.
Si bien algunas estimaciones sitúan el crecimiento en torno al 3%, existe espacio para un resultado mayor si se conjugan condiciones favorables a nivel regional e internacional.
Otro elemento clave será el comportamiento del costo de vida. Las previsiones indican que la inflación se mantendría en niveles bajos e incluso por debajo del rango meta establecido por el BCCR durante todo 2026.
Este escenario representa un alivio inmediato para los hogares y los trabajadores, al proteger el poder adquisitivo.
Sin embargo, también plantea retos si la baja inflación viene acompañada de una desaceleración económica.
El asesor financiero Vidal Villalobos, de Grupo Financiero Prival, descarta por ahora un escenario de estanflación.
“No hay señales de un estancamiento con inflación alta. La economía sigue creciendo y el desempleo se encuentra en mínimos históricos”, explica.
Villalobos añade que todo apunta a que la inflación negativa podría extenderse durante 2026 y buena parte de 2027, sin que ello implique, al menos por ahora, un deterioro significativo del mercado laboral.
Aunque febrero de 2026 marcará un nuevo proceso electoral, los analistas consideran que el impacto sobre los indicadores económicos será limitado. La fortaleza de los fundamentos macroeconómicos y la continuidad en la política económica reducirían el riesgo de sobresaltos asociados al ciclo político.