La inteligencia artificial (IA) está redefiniendo la forma en que empresas y usuarios enfrentan las amenazas digitales.
En un contexto de ataques cada vez más automatizados, deepfakes y expansión del 5G y el Internet de las Cosas, la ciberseguridad dejó de ser un asunto exclusivamente técnico.
Felipe Ruiz, vicepresidente de Seguridad de la Información y Core Network de Liberty Latin America, explica cómo la IA está cambiando el panorama de riesgos, qué estrategias aplica la compañía y por qué la capacitación y la cultura digital son hoy la primera línea de defensa.
¿Cómo está transformando la inteligencia artificial el panorama de las amenazas cibernéticas?
La IA está redefiniendo por completo el ecosistema de la ciberseguridad. Pasamos de un enfoque reactivo a uno predictivo y adaptativo, donde la velocidad y la precisión son esenciales. Hoy la IA fortalece nuestras defensas, pero también es utilizada por actores maliciosos para sofisticar ataques, lo que nos obliga a innovar constantemente.
Procesos que antes tomaban horas ahora se ejecutan en segundos: correlación de alertas, clasificación de incidentes y detección de anomalías. Esto permite que los equipos se enfoquen en la gestión del riesgo y decisiones estratégicas. Herramientas como antivirus y EDR de nueva generación ya no dependen de firmas estáticas, sino de patrones de comportamiento, y los sistemas anti-phishing analizan contexto y lenguaje para bloquear amenazas en milisegundos. La IA no reemplaza al talento humano, lo amplifica, siempre bajo un uso ético y regulado.
¿Qué inversiones o estrategias tecnológicas implementa Liberty Latin America ante una IA que avanza más rápido que las regulaciones?
Nuestra estrategia combina tecnología avanzada, gobernanza sólida y cultura organizacional. Trabajamos sobre tres pilares.
Primero, marcos de referencia y gobernanza robusta: adoptamos estándares como el NIST Cybersecurity Framework y la ISO/IEC 27001, y contamos con un comité especializado en IA responsable que supervisa su uso en procesos críticos.
Segundo, tecnología interoperable y adaptable: invertimos en soluciones que se integran a todo el ecosistema de seguridad, como EDR de última generación, detección avanzada de phishing y plataformas de orquestación automatizada.
Tercero, cultura y concientización: capacitamos a nuestros colaboradores en el uso responsable de la IA, reforzado con auditorías y pruebas de resiliencia. El objetivo es que la IA sea un aliado estratégico y no un amplificador de riesgos.
¿Cuáles son los principales riesgos para usuarios y empresas en América Latina y en Costa Rica?
El mayor riesgo no es solo tecnológico, sino cultural: el uso irresponsable de la IA. Muchas personas ingresan datos sensibles en plataformas sin comprender cómo se usarán. A esto se suma que los atacantes están aprovechando la IA para escalar y personalizar fraudes, suplantación de identidad mediante deepfakes y campañas de phishing altamente sofisticadas.
En la región hay avances en integrar la ciberseguridad en la estrategia empresarial, pero persisten desafíos como la escasez de talento especializado y la necesidad de financiamiento sostenido. Nuestra respuesta es clara: educación, inversión y colaboración regional, con marcos éticos y auditorías continuas.
¿Qué papel juega la capacitación y la cultura digital para prevenir incidentes?
Es el pilar fundamental. La tecnología por sí sola no basta: la primera línea de defensa es el comportamiento informado de las personas. Promovemos prácticas básicas pero críticas como el doble factor de autenticación, contraseñas robustas, no compartir credenciales y pensar antes de hacer clic.
La cultura digital debe ser constante y evolutiva. Por eso realizamos simulaciones de ataques, entrenamientos interactivos y guías sobre uso responsable de la IA. La meta es que la seguridad sea un hábito y no una reacción.
Con el 5G y el Internet de las Cosas, ¿qué desafíos plantea la hiperconectividad?
La hiperconectividad multiplica los puntos de entrada para los ciberdelincuentes: cada dispositivo conectado puede ser una puerta de acceso. El desafío es proteger un ecosistema distribuido y dinámico.
Nos anticipamos con una estrategia integral basada en cultura y responsabilidad compartida, protocolos claros para la gestión segura de dispositivos y redes, y tecnologías avanzadas que refuerzan la autenticación, segmentan entornos críticos y detectan comportamientos anómalos. Queremos que la hiperconectividad impulse la innovación, no los riesgos, y que cada avance esté respaldado por confianza y seguridad.