Mientras en las zonas afectadas por los terremotos del pasado 24 de junio continúan las tareas de asistencia y las familias intentan recuperar parte de la normalidad, la red de Cáritas Venezuela trabaja prácticamente sin descanso para responder a una emergencia que, según sus responsables, marcará al país durante mucho tiempo.
Desde La Guaira, una de las regiones más castigadas por los sismos, la directora nacional de Cáritas Venezuela, la socióloga Janeth Márquez, conversó telefónicamente con Diario La R sobre la dimensión de la tragedia, el despliegue humanitario y la importancia que ha tenido la solidaridad internacional para atender las necesidades más urgentes de la población.
Márquez explicó que Cáritas coordina desde hace años la acción social de la Iglesia Católica venezolana y que la experiencia acumulada durante sucesivas emergencias permitió activar rápidamente un amplio operativo de asistencia. «Por muchos años Cáritas ha coordinado la labor social de toda la Iglesia Católica en Venezuela en lo que ha significado la crisis humanitaria. Hoy esa misma red está completamente activada para coordinar la ayuda que llega desde dentro y fuera del país», señaló.
La organización cuenta con presencia en todo el territorio nacional a través de 39 Cáritas diocesanas y una red de aproximadamente 600 parroquias, lo que permite que las donaciones lleguen rápidamente a los lugares donde son más necesarias.
«Lo que llega aquí inmediatamente sale hacia las zonas afectadas, hacia las parroquias, los albergues y las personas que hoy más lo necesitan», explicó.
Aunque las primeras horas posteriores al desastre estuvieron marcadas por las tareas de rescate y atención inmediata, Márquez sostuvo que la emergencia ha entrado ahora en una nueva etapa. «Estamos cerrando la fase de socorro inmediato para comenzar la recuperación temprana. Después vendrá la rehabilitación. Será un proceso largo porque muchas familias permanecerán durante bastante tiempo en albergues mientras se reconstruyen las condiciones necesarias para volver a sus hogares.»
La directora de Cáritas describió la situación como una de las experiencias más complejas que ha enfrentado la organización.
«Estamos acostumbrados a responder a situaciones adversas, pero esto ha ido mucho más allá de lo que imaginábamos. Es un evento de enormes dimensiones que exige coordinación permanente y una respuesta muy organizada.»
Además de atender las necesidades básicas de alimentación, agua potable, abrigo y alojamiento, la organización trabaja en asistencia psicológica, acompañamiento pastoral y planificación de la recuperación de las comunidades afectadas.
Para responder a la magnitud de la emergencia, Cáritas Venezuela recibió el apoyo de especialistas enviados por distintas organizaciones hermanas.
Márquez explicó que expertos provenientes de Alemania, España, Italia y otros países colaboran actualmente en áreas específicas como gestión de albergues, acceso al agua, atención psicosocial y coordinación de operaciones humanitarias. «Tenemos manuales y procedimientos desarrollados durante muchos años de trabajo en crisis humanitarias. Ahora esa experiencia se fortalece con equipos internacionales que nos ayudan a que la respuesta sea técnica, rápida y eficaz.»
Ese trabajo, añadió, también involucra a sacerdotes, religiosas y numerosas organizaciones vinculadas a la Iglesia Católica, que se integran bajo la coordinación de Cáritas para optimizar la utilización de los recursos disponibles.
La solidaridad uruguaya ya llegó
Uno de los aspectos destacados por Márquez fue la ayuda enviada desde Uruguay, fruto de la movilización de la comunidad venezolana residente en ese país y de la coordinación entre Cáritas Uruguay y las autoridades uruguayas. Según explicó, los envíos ingresaron por el canal humanitario habilitado y comenzaron inmediatamente su distribución hacia las comunidades afectadas.

«Lo que llegó desde Uruguay ya está siendo cargado en camiones para llevarlo directamente a las parroquias y a los albergues donde hoy hace falta. Nuestra fortaleza es precisamente esa capacidad de recibir la ayuda y distribuirla de inmediato.» La directora destacó además la coordinación alcanzada entre Cáritas, las autoridades uruguayas, la representación diplomática y los organismos responsables del operativo humanitario.
«Todo ese trabajo conjunto permitió que la ayuda llegara rápidamente y pudiera comenzar su distribución apenas ingresó al país.»
Durante la entrevista también fue consultada sobre algunas versiones referidas a la distribución de ayuda en distintas regiones del país.
Márquez explicó que muchas familias fueron trasladadas desde las zonas inicialmente afectadas hacia otros estados venezolanos, por lo que la asistencia también debió acompañar esos desplazamientos.
«Muchas veces las personas cambian de lugar y la ayuda debe seguirlas. Lo importante es que llegue a quienes realmente la necesitan, aunque ya no permanezcan donde ocurrió inicialmente la emergencia.»
Según indicó, ese proceso exige una coordinación permanente entre organismos públicos, organizaciones humanitarias, la Cruz Roja, Naciones Unidas, empresas privadas y numerosas instituciones de la sociedad civil. Para Márquez, el mayor desafío será sostener la asistencia cuando disminuya el impacto inicial de la tragedia y comiencen a reducirse las donaciones.
«La solidaridad suele ser muy fuerte al principio, pero después empieza a disminuir. Sin embargo, las necesidades continúan durante mucho tiempo y por eso debemos planificar una respuesta que pueda sostenerse durante meses.» En ese sentido, destacó que la reconstrucción requerirá mantener activa la cooperación internacional y la participación de miles de voluntarios.
Al finalizar la entrevista, la directora nacional de Cáritas Venezuela agradeció especialmente la solidaridad recibida desde distintos países y formuló un llamado para que ese acompañamiento continúe.
«Sabemos que la respuesta es enorme, pero las necesidades también lo son. Pedimos que sigan orando por Venezuela, que continúen apoyando estos esfuerzos y que la solidaridad no se detenga.»
Y resumió el espíritu con el que hoy trabajan cientos de voluntarios en las zonas devastadas por los terremotos con una frase que sintetiza tanto el dolor como la esperanza de estas semanas: «El terremoto ha sido dantesco, pero la solidaridad ha sido impresionante», concluyó.