Honduras todavía no es una nación institucionalizada; falta mucho para eso, sostiene en esta reflexión el destacado historiador, Rodolfo Pastor Fasquelle. En efecto, “la arquitectura política hondureña es de origen colonial. Y cuando en el país se habla de revolución y refundación, se alude a un problema histórico real, más complejo que una cronología o reunión de términos”. La ley no desaparece en Honduras; se invoca, se suspende y se rehace según conviene a quienes dominan la correlación de fuerzas: la sanción de los pastores, la bendición del capital, la debilidad de la organización social y, sobretodo, el malabarismo del cacicazgo. La ley está ahí, pero en vez de consenso, es herramienta de poder. Temen una nueva Constitución por desinterés para hablar con el pueblo, por amnesia y por mala conciencia. Rodolfo Pastor FasquelleEL
[email protected] Persia está lejos. Aunque me condiciona lo que ocurre en el ancho mundo, también me...