La automatización se ha consolidado como una de las principales apuestas de las empresas para mejorar su eficiencia operativa.
Sin embargo, un fenómeno empieza a evidenciarse en distintas organizaciones: la incorporación masiva de herramientas, bots y procesos automáticos no siempre se traduce en resultados tangibles para el negocio.
El reto de la automatización efectiva
El problema no radica en la tecnología, sino en la ausencia de una estrategia clara, según un análisis de GBM, referente en soluciones tecnológicas en la región.
Muchas compañías han adoptado soluciones de automatización de forma aislada, sin vincularlas con objetivos corporativos ni indicadores financieros que permitan medir su impacto real.
Este enfoque, conocido como automatización táctica, resuelve tareas puntuales, pero no genera valor sostenible.
Como consecuencia, se presentan escenarios de inversión sin retorno comprobable, resistencia interna al cambio y acumulación de proyectos tecnológicos que no logran escalar.
En ese contexto, la promesa de la transformación digital queda relegada a iniciativas que no inciden directamente en los resultados del negocio.
“El mayor desperdicio en tecnología empresarial hoy no es comprar el software equivocado, es por el contrario, comprar el correcto y no tener claridad de su funcionamiento y de cómo se pueden medir los resultados del negocio”, señaló Bertha Durán, gerente regional de Hiperautomatización de GBM.
Ante este panorama, surge la necesidad de replantear la forma en que las organizaciones abordan la automatización.
Más que preguntarse si están automatizando procesos, los expertos señalan que las empresas deben enfocarse en identificar qué están transformando y cuál es el valor económico de esa transformación.
Propuesta de GBM
Como respuesta a este reto, la empresa impulsa el modelo Automate for Purpose (A4P), un marco de trabajo que invierte el enfoque tradicional.
En lugar de implementar tecnología y luego justificar su uso, la metodología parte de un KPI financiero y diseña la automatización en función de ese objetivo, asegurando un impacto medible en el corto plazo.
Los resultados asociados a este modelo incluyen reducciones de hasta un 60% en tiempos de procesos críticos, eliminación de vulnerabilidades en entornos de producción, predicción de fallos en activos físicos con semanas de anticipación y despliegue de infraestructuras en cuestión de minutos.
Este enfoque se integra dentro del modelo de Operaciones Autónomas 360, que combina gobierno, adopción, implementación y mejora continua en una sola solución.
De esta forma, las organizaciones pueden gestionar su transformación digital sin depender de múltiples proveedores, apoyándose en capacidades que evolucionan por medio de inteligencia artificial (IA).
Para facilitar la adopción, el servicio se estructura en tres etapas: Starter, Accelerate y Scale, lo que permite validar resultados antes de ampliar la inversión.
Como punto de partida, las empresas pueden acceder a un diagnóstico de madurez en organizacional en pocos minutos, el cual genera una hoja de ruta personalizada para orientar el proceso.
“Las empresas requieren traducir la tecnología en resultados que sean entendibles. Desde GBM, podemos demostrarles el valor de cada automatización en términos que su CFO pueda leer como un estado financiero, todo esto, en menos de 90 días”, añadió Durán.
De esta manera, el enfoque estratégico se posiciona como el elemento clave para que la automatización deje de ser una acumulación de herramientas y se convierta en un verdadero motor de valor para las organizaciones.