Habitualmente entusiastas, Javier Calvo y Javier Ambrossi casi flotan de euforia y nerviosismo momentos antes de pisar la alfombra roja del Festival de Cannes. “La bola negra”, su segunda película, llegaba a la competición envuelta en el misterio y las expectativas.
Prácticamente nadie la había visto -la posproducción acabó literalmente hace pocos días- y lo poco que se filtraba apuntaba a evento grande del certamen, acorde el salto de sus creadores a una producción ambiciosa de época y gran espectáculo.
Y La bola negra ha devuelto en parte la promesa: buena acogida en Cannes para una película que juega fuerte con la estructura y, sobre todo, con el tono álgido de gran parte de su metraje. El Gran Teatro Lumière se ha volcado con casi 20 minutos de aplausos, bastante por encima de la media del festival.
En sus primeras secuencias, “La bola negra” recrea un empobrecido pueblo español perdido que se prepara para la llegada del ejército nacional. Pero la aviación italiana responde a la comitiva con un bombardeo.
Un inicio poderoso -el plano de un soldado escalando una enorme estatua derribada de un San Sebastián asaeteado es una de las imágenes impactantes del festival- que da paso una alambicada trama en torno a la novela inacabada de Lorca, también llamada La bola negra, de la que solo escribió cuatro páginas antes de ser fusilado.
En ella, el poeta y dramaturgo aspiraba a un estilo realista y biográfico para hablar de homosexualidad y homofobia, a saber, una ficción sobre un joven granadino al que rechazan como miembro de la hermandad del casino de la ciudad por los rumores de su orientación sexual. La votación de cada socio se materializa en una bola blanca positiva o una bola negra negativa, que son la mayoría.
El corazón de la película es la obra teatral de Alberto Conejero La piedra oscura, en la que imaginó a Rafael Rodríguez Rapún (Miguel Bernardeau), miembro de La Barraca y pareja intermitente de Lorca, contar su vida a un soldado ficticio (llamado Sebastián e interpretado por Guitarrica de la Fuente). Las cartas reales de Rodríguez Rapún y Lorca, conservadas y citadas en la película, contienen algunos versos desgarradores: Tú nunca entenderás lo que te quiero porque duermes en mí y estás dormido.
“En el colegio no nos explicaron que Lorca, el escritor español más importante junto a Cervantes, era gay, como si no fuera importante para su creación”, explica Calvo. “Te hablan de Gala y Dalí, de la mujer de Machado, pero los amores de Lorca están absolutamente omitidos.