En el corazón del Trópico de Cochabamba, donde el acceso depende del caudal de los ríos y las decisiones se toman en asamblea, una mujer yuqui alza la voz en nombre de su pueblo. No llegó sola ni por imposición; ella fue elegida a mano alzada, entre hombres y mujeres que reconocen su liderazgo y trayectoria. El 18 de marzo, Irma Guasu Guaguasu empezó un nuevo reto dentro de una estructura donde las mujeres tenían antes menos espacio.
Irma – 30 años, tez trigueña, ojos negros, estatura mediana – es la asambleísta departamental indígena electa por la nación Yuqui. Es madre. Antes fue concejala y ocupó otros cargos dirigenciales. Su historia es similar a la de otras mujeres líderes de su pueblo.
Hace poco más de una semana, en Chimoré, decenas de manos de hombres y mujeres se levantaron en asamblea extraordinaria de los yuquis y, así, la eligieron como su representante titular ante la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) de Cochabamba. Luego de su posesión oficial, prevista para mayo (junto a las demás autoridades electas el 22 de marzo), se convertirá en una de las embajadoras de su pueblo para trabajar por el mismo.
Ella llegó al acto con la fuerza simbólica de su identidad. No vistió traje formal; se presentó como mujer yuqui. Llevó una vestimenta elaborada con fibras vegetales de su territorio, tejidas a mano y adornadas con semillas rojas; en la cabeza, una especie de corona hecha con plumas se elevaba con discreta imponencia. No era ostentosa, pero sí significativa. El conjunto se completó con collares de semillas que descansaban sobre su pecho. Su vestimenta es una declaración de pertenencia.
En Bolivia, hay 36 naciones y pueblos indígena originario campesinos. La Coordinadora de Pueblos del Trópico de Cochabamba (Cpitco) comprende pueblos indígenas de tierras bajas del departamento, organizados en el Consejo Indígena del Sur (Conisur) del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), Consejo Indígena Yuracaré (Coniyura), Consejos Indígena del Río Ichilo (CIRI) y el Consejo Indígena Yuqui, asentados en territorios que abarcan departamentos de Cochabamba, Beni y Santa Cruz. En Cochabamba, los pueblos indígenas mojeño, yuracaré, chimán y yuqui alcanzan 5.588 habitantes, según el Censo de Población y Vivienda de 2024 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Irma es una indígena que habita el pueblo yuqui, que tiene sus tres comunidades (Pachinu, Bia Recuaté y Biariyoa).
En Cochabamba, la Asamblea Legislativa Departamental (ALD) está compuesta por 34 autoridades titulares. De ellas, dos son indígenas, una yuqui y una yuracaré, que en la gestión 2026-2031 estarán representadas por titulares y suplentes: Irma y Leandro Quispe (yuquis) y Damaris Orihuela y Mario Guzmán (yuracarés).

Según el Centro de Comunicación y Desarrollo Andino (CENDA), la elección de autoridades a la ALD ocurre en un contexto en el que los pueblos Yuqui y Yuracaré enfrentan desafíos estructurales, como avasallamientos territoriales, la presión de la colonización, las limitaciones en salud, educación e infraestructura, y la necesidad de fortalecer su economía productiva con mayor tecnificación. En ese sentido, la elección de sus representantes no solo tiene un carácter político, sino también estratégico, orientado a incidir en la gestión pública departamental en beneficio de sus comunidades.
La nación Yuqui es uno de los pueblos indígenas más pequeños de Bolivia. Tiene en la actualidad alrededor de 340 habitantes; la mitad son mujeres. Tiene como jurisdicción territorial la TCO Bia-Yuqui-CIRI, situada en la provincia Carrasco. En 2013, el Estado los declaró como un pueblo altamente vulnerable y en peligro de extinción. Al proceso de evangelización que modificó su modo de vida de cazadores y recolectores a partir de los años sesenta, se sumaron las presiones de madereros ilegales sobre su territorio y enfermedades como la anemia severa, la tuberculosis y la micosis pulmonar, que diezmaron a su población. Varios de estos males fueron el resultado de sus adversas condiciones de asentamiento: sin acceso a agua potable, sin servicios de saneamiento básicos y sin suficientes alimentos que antes podían conseguir en el bosque. Antes del contacto, se estima que eran unos 2.000 integrantes yuqui que vivían en pequeños grupos familiares de forma itinerante.
Hasta la actualidad, el acceso al pueblo depende de las condiciones climáticas. Cruzar dos ríos implica que no tengan mucho caudal, porque eso corta el tránsito. Esta situación se dio en la fecha de la elección de asambleístas; no fue posible el ingreso de las autoridades electorales, técnicos y otros a la comunidad de Bia Recuaté, donde debía desarrollarse el acto especial de la asamblea extraordinaria. Pero, los indígenas yuquis decidieron salir hasta Chimoré, incluso haciendo tramos a pie, para elegir a sus autoridades.
Estos obstáculos son recurrentes y se convierten en las tareas fundamentales para el trabajo de sus representantes.
Esas también son ahora las prioridades para Irma.

DE LA DISPUTA A LA CONCILIACIÓN En el pueblo Yuqui, las decisiones no se toman en oficinas, sino en asamblea. Ahí, las mujeres comenzaron a ocupar los espacios de poder.
El Estatuto Autonómico de la Nación Bia-Yuqui garantiza la participación política de las mujeres de ese pueblo. El documento, aprobado en 2014, remarca, además, en diversos artículos aspectos relacionados con el matrimonio, la violencia, la familia, la sexualidad, la protección, la educación y la justicia, entre otros.
El paso, en este caso enfocado en la participación política, está dado. Sin embargo, entre la norma vigente y la práctica plena resta trabajo constante.
La antropóloga Ely Linares entiende que los liderazgos femeninos en la nación Yuqui son una respuesta comunitaria a las frecuentes disputas de poder que hay entre las familias cuando un hombre de alguna de ellas toma el poder. Que una mujer asuma el mando es útil para gestionar eventuales conflictos familiares, dice la también investigadora.
Explica que, por su tradición de cazadores, entre los hombres yuquis hay una histórica competencia que se extiende a la toma del poder comunitario. Sin embargo, esta competencia no se aplica a las mujeres, que cumplen una labor más conciliadora entre las familias.
El reconocimiento de esta cualidad explica que, en los últimos años, hayan emergido liderazgos femeninos. Sin embargo, si bien la conquista formal de los puestos de poder es algo más reciente, no lo es el ejercicio cotidiano del mismo, aclara Linares, quien trabaja desde hace casi 20 años con esta nación indígena. Aunque en la comunidad y fuera de ella a la mujer se la suele poner detrás del hombre, “en la práctica ella es la que toma las decisiones”, dice.
La antropóloga describe que las autoridades yuquis tropiezan con obstáculos que incluyen el idioma.
“También hay mucho miramiento sobre qué es lo que hacen solas en el pueblo o la ciudad. Por lo que algunas van con su pareja o con un grupo, siendo esa una estrategia de apoyo. Pero no es sostenible (…)”.
Acota que, en la gestión reciente, las autoridades de esta nación tuvieron dificultades, considerando que, al no pertenecer a ningún partido político, lograr acuerdos fue más difícil, e incluso repercutió en su representación municipal; no tienen concejal que lleve su voz ante la Alcaldía.

CARRERA EN LA ORGANIZACIÓN Liderar, para las mujeres yuquis, no es solo hablar en público o asumir un cargo. Ellas deben negociar con la tradición, sostener a la familia y hacerse escuchar en los espacios de decisión fuera de su pueblo.
En 2022, el pueblo era liderado en su totalidad por mujeres, desde la Cacique Mayor pasando por la asambleísta departamental (de Cochabamba), la concejala (del municipio) y la diputada (nacional).
La asambleísta departamental Ruth Isategua describió entonces las dificultades que las mujeres enfrentaban para llegar a un cargo.
“Antes, los hombres no querían que nosotras seamos dirigentes. Esta vez, toditos hemos apoyado (…). Nuestras bases nos han elegido porque así nomás uno no puede decir ‘yo voy a ir arriba’; eso solo se da si tenemos apoyo. Tenemos la misión de ejecutar el proyecto de nuestra comunidad”, aseguró.
Las tareas que Ruth asume actualmente pasan ahora a manos de Irma.
Irma resalta en sus actividades dirigenciales desde hace una década.
“He sido vocal, cacique y así. Desde muy joven, he tenido una carrera dentro de la organización y por esa razón es que ahora estoy yendo como asambleísta. Es una alegría que toda mi gente confíe en mí y pueda seguir trabajando para el bien de mi pueblo”, dice Irma.
Enfrenta los retos dirigenciales desde sus 20 años, cuando fue vocal en su organización.
“Las mujeres, más antes, tenían miedo de poder ejercer por el tema del machismo que había, era dificultoso, pero ahora no es así, aunque es un poco dificultoso por el tema de los hijos; uno tiene que ser ama de casa y atender a los hijos. Es un reto muy grande que una mujer puede asumir. Es un poco difícil, pero no imposible si tiene orden y ve cómo organizar el tema de maternidad y trabajo. No es que no se puede”.
El estatuto del pueblo yuqui reconoce que todas las personas pueden participar en la asamblea con voz y voto. El documento establece que no hay diferencias entre hombres y mujeres. La norma abre la puerta a la participación política femenina dentro de la estructura comunitaria.
El día de la elección de autoridades, el auditorio de la Mancomunidad de Municipios del Trópico, en Chimoré, fue escenario del encuentro de los indígenas yuquis. Llegaron hombres y mujeres, mayores y jóvenes, algunos con niños. En la asamblea, la testera de siete personas tenía a cuatro mujeres y tres hombres presidiendo. Las mujeres dirigieron el acto.
Antes, las testeras y espacios similares eran ocupados en su mayoría por hombres. Hoy, ese lugar ha comenzado a transformarse, y así lo reconocen los propios yuquis.
Leandro Quispe Coaquira – 57 años – es asambleísta suplente electo de Irma. Destaca el trabajo de las mujeres. Se expresa serio, sereno y con respeto de sus compañeras, que también son autoridades.
“Las mujeres se caracterizan por esa lucha, son más valientes que los hombres, a veces los hombres nos limitamos, pero ellas no. Es importante la tarea de la mujer en todos los ámbitos, pero como hombres estamos para apoyarlas y apoyarnos unos a otros entre autoridades”.
EL HOGAR Y LA POLÍTICA El estatuto también establece que el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos son responsabilidad tanto del hombre como de la mujer.
Las mujeres solían ser las únicas que antes cocinaban, cuidaban, lavaban y sostenían la vida cotidiana. Esto está cambiando.
La cacique de la comunidad Pachinu, Elisa Esasemboa Guaguasu, describe que ser autoridad indígena no es sencillo. Ella ya ocupó varios cargos antes. Fue asambleísta departamental, cacique y representante de las mujeres de su pueblo.
La autoridad participó, como parte de la asamblea, de la elección de Irma y Leandro. Pero, más temprano, cumpliendo sus responsabilidades de cacique, asistió a una reunión con la Distrital de Educación para tratar temas de la escuela de su pueblo y garantizar los ítems de los profesores.
El tiempo de la autoridad es repartido entre las responsabilidades familiares y las políticas.
“He estado viajando todo un tiempo. Es un poco costoso, pero hemos estado presentes para luchar por nuestro pueblo. Yo amo mi pueblo. Sea autoridad o no, siempre voy a estar apoyándolo”, dice, y remarca que su esposo se hace cargo, sin problema, de lo necesario con su familia.

El presidente de la Coordinadora de los Pueblos Indígenas del Trópico de Cochabamba (Cpitco), David Quiroga Aponte, remarca que para los pueblos indígenas es muy importante la participación de la mujer, ya sea en los espacios administrativos, en la parte política o en dirigencias.
“Hay que ser sinceros en que mucho se hablaba del machismo, especialmente en los pueblos indígenas. Pero, creo que se ha venido cortando poco a poco, gracias a la capacitación de las mujeres en el tema de gestión territorial, gestión administrativa, de cómo apoyar en el tema de las organizaciones. Creo que eso ha servido de mucho”.
EL IDIOMA Y EL PODER Para ser autoridad en el pueblo yuqui, se deben cumplir ciertos requisitos, como ser bia-yuqui de nacimiento (de padre o madre Bia-Yuqui) o haberse casado con un yuqui; vivir de manera ininterrumpida en Territorio Bia-Yuqui los últimos dos años como mínimo, antes de la elección, esto para garantizar que las autoridades conozcan la realidad y problemas (excepcionalmente se considerará el caso de las personas que están estudiando y mantienen un contacto permanente con la comunidad); hablar el idioma Bia-Yuqui (biaye); haberse ganado el respeto y confianza del Pueblo Bia-Yuqui; y no haber incurrido en ninguna de las faltas señaladas en este estatuto, “caso contrario el Pueblo reunido en Asamblea valorará si se permite o no ser autoridad”.
Estos criterios buscan garantizar la representación legítima.
Ser representante no es ser la autoridad máxima de los yuquis, es ser un embajador de ese pueblo. El Estatuto Autonómico de la Nación Bia-Yuqui establece en su Artículo 110 que los representantes del Pueblo Bia-Yuqui que hayan sido elegidas como autoridades en el Estado (asambleístas departamentales, diputados o concejales municipales) tienen la categoría de “embajadores del Pueblo Bia-Yuqui”, y en esa condición “están sometidos a las decisiones del Pueblo Bia-Yuqui y se encuentran subordinadas a las autoridades del Consejo”.
El Artículo 10 define que la estructura orgánica del Gobierno del Pueblo Bia-Yuqui está conformada por la Asamblea General, el Consejo Bia-Yuqui (compuesto por una Presidencia y comisiones) y embajadores del Pueblo Bia-Yuqui (representantes del Pueblo Bia-Yuqui ante el Estado boliviano).
GÉNERO Y EQUILIBRIO Para una mujer yuqui, liderar no es solo ocupar un cargo. Es mantener un equilibrio constante entre lo que se espera de ella como mujer y lo que exige su rol como autoridad, entre la tradición y el cambio, entre la comunidad y el Estado.
“No es fácil”, coinciden distintas representantes.
Lidia Veramendi Martínez, vocal del Tribunal Electoral Departamental (TED) de Cochabamba, resalta que la representación que tienen los yuquis, como los yuracarés y otros pueblos, es el resultado de las luchas de las naciones y pueblos indígenas, aspectos que están incorporados en la Ley 026 del Régimen Electoral para la “representación de las minorías”. En la actualidad, estas autoridades se eligen bajo normas y procedimientos propios.
“Pero, se ve el empoderamiento progresivo de las mujeres, asumiendo cargos dentro de sus mismas comunidades, dentro de sus mismos pueblos indígena originario campesinos”.
Remarca que, el ser mujer, sin embargo, no implica centralizarse solamente en las mujeres, sino que se deben atender todas las demás necesidades del pueblo indígena.

El estatuto del pueblo yuqui reconoce derechos, establece principios de igualdad y abre espacios de participación. Es, en muchos sentidos, una base sólida.
Se construye día a día, en la asamblea, en la familia, en la palabra que se anima a salir.
Las mujeres yuqui están en ese proceso.
Irma Guasu Guaguasu no solo fue elegida en una asamblea; fue respaldada por la voz colectiva. Su elección representa a mujeres que dejan atrás el silencio, comunidades que redefinen sus liderazgos y un territorio que busca ser escuchado más allá de sus ríos y caminos inaccesibles. En ese cruce entre tradición y cambio, entre hogar y representación, Irma simboliza una apuesta, que gobernar también significa cuidar, resistir y sostener, sin dejar de ser quien se es.
Las mujeres indígenas avanzan, negocian; hablan, dudan, insisten; y en ese movimiento, redefinen lo que significa liderar, porque el poder ya no es solo cosa de hombres.
