¿Quién se siente con autoridad de verdugo? O tribunal de personajes excéntricos, desde una jueza amargada y virtual, pero no Google Gemini, un juez llorón, otros jueces bromistas y en el absurdo hasta un viejo zorro gordo que una vez tuvo hoyos en los cachetes. Curioso que la pureza moral aparezca justo en varios que no estarían ahí tan serios como Arcontes de Grecia, sino fuese porque Themis está drogada o se perdió en el vuelo cuando venía hacia Honduras.
“El hombre que tiene conciencia sufre mientras reconoce su pecado”, apuntó el autor torturado; la cita expone a los “padres” de este sistema que por 130 años han hecho “party” con nuestras riquezas o “mi vida vale más que la tuya” ¿Cómo ser miserable en espíritu y tan descarado? Fácil, sin honor ni ética, no hay cargo de conciencia, je,je,je, El juicio de los siete contra Johel se proyecta como la hipocresía de los árbitros que han desfilado por tribunales acusados por corrupción, MACCIH, CICIH y esto comienza.
«¡Que les corten la cabeza! ¡Primero la sentencia, después el veredicto!», es la frase más icónica de la Reina acusando a Sota de Corazones de haber robado las tartas, demostrando que la ley en Wonderland es lo que el gobernante decide en el momento. Las serpientes siguen mordiendo a los pies descalzos en nombre de la justicia, pero también a los marginados del poder políticos, simplemente, mientras no haya Themis, despertemos pueblo.
Reflexión
EL LIBERTADOR
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Tegucigalpa. Y la Reina exige a gritos: «¡Que les corten la cabeza! ¡Primero la sentencia, después el veredicto!», invierte totalmente el principio básico del derecho, niega la inocencia y reclama la condena sin debido proceso, así no existe defensa real para la Sota de Corazones que está siendo juzgado y, según lo que lee el Conejo Blanco, la petición de ese castigo extremo es porque se presume robó las tartas que la Reina había preparado un día de verano. Sin embargo, a lo largo del juicio no se presentó ninguna prueba sólida de que eso sea cierto; las «evidencias» son textos sin firma que no mencionan directamente las “tartas”. Esta imposición perversa suena a presente en Hibueras; este crimen contra la Sota de Corazones ocurrió hace 160 años en la creación crítica del británico, Lewis Carroll, recreado como asqueroso proceso en Alicia en el País de las Maravillas.


El problema no es quién está siendo juzgado… sino la comedia definitiva del sistema legal hondureño, donde los actores y actrices mantienen la forma: pelucas, estrado, maquillaje y jurado, pero en el fondo la lógica de un verdadero Estado desaparece por completo detrás del telón de caras burlescas y la traición popular. ¿Quién se siente con autoridad de verdugo? O el tribunal de personajes excéntricos, desde una jueza amargada y virtual, pero no es Google Gemini, un juez llorón, otros jueces bromistas y en el absurdo hasta un viejo zorro gordo que una vez tuvo hoyos en los cachetes. Curioso que la pureza moral aparezca justo en varios que no estarían ahí tan serios como Arcontes de Grecia, sino fuese porque Themis está drogada o se perdió en el vuelo cuando venía hacia Honduras.
Anubis, en su “pesaje” colocaba el corazón del difunto en una balanza frente a la pluma de Maat, si pesaba lo mismo que la pluma, el alma era pura y podía pasar al más allá, pero si pesaba más significaba culpa o corrupción moral y, entonces, el alma era devorada por Ammit. ¿Quiénes de los 7 que acusaron a Johel Zelaya serían devorados? —»Usted no tiene moral para cuestionar mi reputación», aún resuena en las noches de insomnio de algunos que jugaron a ser hijos de Themis, siendo apenas mandaderos para ejecutar una tenebrosa labor. En el tribunal de Alicia, el Rey de Corazones actúa como juez, lleva la corona sobre la peluca de juez, igualito que aquí, la política sobre la ley, je,je,jeje, y el Conejo Blanco como heraldo. El jurado está compuesto por doce animales que anotan frenéticamente «cosas estúpidas» en sus pizarras, incluso, antes de que empiece el litigio.


—Mirá vos hijo de puta, mi vida vale más que la tuya, te voy a matar”. Aquel señor mayor se levantó esa mañana, elevó alguna plegaría a su Dios, pidiendo protección, que la “virgencita” lo llevará con bien, mientras en la mochila llevaba burrita con tres tortillas, unos huevos y quizá un pedazo de queso, con el dinero justo para el busero… viendo aquellos señores soberbios con sacos importados y caras de que donde ellos ponen las patas nadie pone la cara, que tienen los tres poderes en las manos y el cuarto también. Pero volvamos a la historia del don, se le va la vida cuando siente el hierro frío en la cabeza, piensa que ojalá, algún día (ya que él no pudo) su hijo se convierta en diputado y no sea solo un guardia de seguridad. Pronto caería en razón, que parlamentario y matón, no distan mucho.


Un “gangster” vestido de “padre de la Patria” el 31 de octubre de 2023 (día de brujas), pondría sobre la testa de aquel guardia de seguridad, un arma, amenazándolo, humillándolo y gritando para que le abriera un portón. Solo tres años después, cuando aquel salvaje debería llevar ese mismo tiempo en prisión por tentativa de homicidio, es ahora impoluto castigador, un árbitro del bien y del mal, confundido con cualquier juez del infierno, Mario ¿Quién sos? ¿Minos? ¿Radamantis? ¿Éaco?; si estos siete seres salidos del inframundo no se hubieran lavado las manos, ellos mismos hubieran mandado a Jesús a la horca, para que aprendiera que el pobre debe ser pobre y el comunismo es malo, aunque no entienden ni lo uno ni lo otro, tampoco saben qué es el darwinismo, pero asumen que los miserables lo sean siempre y la mayoría de hondureños debe mirar hacia la tierra con la cabeza agachada más si está ante un gringo, así como ellos lo hacen ¿Qué pasa cuando los jueces también tendrían cuentas pendientes? Entonces pasa, lo que pasó, sus testigos del juicio declaran como los personajes del Sombrerero Loco (que llega con su taza de té) y la Cocinera de la Duquesa (que afirma que las tartas están hechas de pimienta). Sus testimonios no aportan ninguna prueba real y se pierden en discusiones triviales, como todo el tribunal.


El problema nunca fue el juicio, siempre fue la balanza que sigue mordiendo a los pies descalzos y también a los que están fuera del poder político (todo el pueblo). La obscuridad de Luz Ernestina transpira por su rostro, tanta sombra y tan lejos de Dios está que necesita la sabiduría del celular para preguntar… En ciertos escenarios como para Sota de Corazones, la justicia en manos de pícaros deja de ser principio, es sentencia del Rey. El caso contra Johel Zelaya se mueve en ese terreno incómodo. Antonio Rivera Callejas, representa bien esa paradoja: trayectoria marcada por “banderas rojas”, precisamente se oye al Fiscal —Su hipocresía es grande, le dice de frente. ¡Vaya pues! Por eso no tiene ningún problema para doblar el personaje con tono severo del juzgador. Sin honor no hay cargo de conciencia “Chiqui”. La balanza pierde equilibrio y es escultura barata, cuando está sostenido por manos sucias. No es una cuestión de inocencias o culpas individuales ¿Puede alguien erigirse como medida de justicia cuando su propio peso nunca ha sido puesto a prueba? Vee ¡Si se puede! ¡Si se puede! En una justicia dormida, cara y tonta. Contanos Toño ¿Qué le hiciste a la MACCIH?


Kilvett, muchacho… ¿Podríamos hablar con vos de alguna moral? Entre laberintos Kafkianos podríamos perdernos y nunca encontrarte. Más que méritos has tenido adaptación de especie para subsistir ¡Vaya! ¡Vaya! Ignoremos el hecho que tu suegro sea uno de los seres más despreciables y venenosos de la sociedad hondureña, creó la tesis curva del crimen “votos rurales” ¡Vaya peinado de confite! No le pongamos sentimientos al nepotismo y al tráfico de influencias de María Andrea con el orlandismo y que los dos estaban con la “bendición” del cargo público ¡Nooo, perrín! Perate… no podemos obviar eso, pues sin eso, no hay nada que hablar de vos… un bálsamo de mediocridad y contactos de medianía. No se puede creer tanto siendo tan poco. Mi niño, creo que Anubis te perdonaría. La ironía no radica únicamente en quién acusa, si no en caer en la mejor paja, que creernos nuestra propia mentira… Sin superioridad moral, mejor sigamos.
En ese escenario, aparece Jorge Cálix, no como parte del conflicto, sino como quien se cuela por encima de él. Asume el rol de conductor, de árbitro improvisado en una obra donde las reglas se escriben sobre la marcha o desde los mensajes de WhatsApp. ¿Ningún alero te escribió que en 2013 no existía la figura de “conspiración” en el Derecho Penal de Honduras? Y vos hablando papadas.Y ahí es donde la escena se quiebra, cuando quién dirige la orquesta olvida las notas y carga también con el ruido de la política y con las fracturas propias y con los truenos que en otro contexto, exigirían mayor severidad que hoy se proyecta hacia otros. La balanza reaparece desequilibrada, ha muerto la poesía.
Es inevitable la incomodidad. A Jorge Cálix le han recordado —no sin dureza, que irrespeta a la sociedad, al Estado y a la Constitución— que la representación de diputado (en su caso no es por votos) también se construye con coherencia respaldada por el pueblo, no solo con posición y guiños del poder. Y en medio de ese eco, su papel dentro del proceso contra Johel Zelaya adquiere otro matiz, no el de un juez que esclarece, sino el de un actor más en una estructura donde todos, en mayor o menor tienen cuentas pendientes o con el soberano o con Themis. Como en los antiguos tribunales del inframundo, el problema no es que alguien juzgue, sino quiénes están convencidos de que nunca serán llamados a responder. ¡Despertá Themis!

En el final, lo que debería equilibrar corazones y revelar verdades, termina sirviendo al ego, al poder de pocos y a la viveza política. Johel Zelaya no solo fue sentenciado antes del proceso, es espejo que refleja la hipocresía de quienes se presentan como árbitros del bien y el mal en este país. Hoy la justicia duerme entre susurros de intereses y mensajes de WhatsApp, mientras Themis, con los ojos vendados, aguarda despertar como Alicia y reclamar la verdad a los ladrones. Avanti.